domingo, 22 de mayo de 2011

Nabil, El Rancho Abuhanna y su legado.

Por: Rawy Mattar Kmeir

Hay personajes que nacieron para dejar un legado y quién iba a decir que la persona de la cual hablaremos lo iba a hacer a miles de kilómetros de su tan amada tierra natal, el Líbano.

Nabil Saab, mejor conocido como AbuHanna es una persona impetuosa, decidida, respetada y a la vez digna de mención. Su proyecto de vida terminó siendo tan ambicioso y disparatado, (como le presagiaba su mamá) que era imposible de creer. Desde su casa ubicada en Turmero, Estado Aragua, en esa Venezuela a la que  tanto ama y a a donde llegó hace aproximadamente 40 años, veía hacía las montañas del Alto Paya y le recordaban su país natal, por lo que se aventuró a conocerlas, recorrerlas y al final, ser parte de ellas comprando terrenos en la misma. Su misión: recrear al Líbano en ese sector que tanto se le parecía, así que armado de ganas, mucho trabajo y una vocación inigualable inició una empresa que para muchos sería simplemente inverosímil.

Nabil es un personaje sencillo, modesto y de hábitos simples, pero detrás de esa carcasa se descubre a  una personalidad admirable de proyectos grandes y voluntad inquebrantable. Él es un pionero que es respetado por propios y extraños y a quien los habitantes de todo el caserío le tienen en alta estima y en evidente admiración, ya sea por ser generador de una importante fuente de empleo o bien por las concurrentes obras de altruismo al sector. Es inevitable no sorprenderse ante el cariño con el cual todos lo saludan, incluso aquellos infantes que juegan por el área  y quienes al verlo lo saludan con un risueño: "Hola panita" y AbuHanna, siempre sonriente, siempre noble, se da tiempo de detenerse y devolver el saludo o hasta bromear y por qué no, concretar tareas pendientes.

El Rancho Abuhanna es tan impresionante como el personaje que lo concibió. Sólo al entrar un gran cartel  de madera tallado con sus propias manos encierra una frase tan lapidaria como cierta: "ESTE LUGAR ES DE DIOS, ABUHANNA, RINCÓN DE PAZ" y es que al traspasar los límites del rancho, entiendes que estás en un sitio sin igual, quizá tocado por la gracia divina donde la naturaleza se mezcla con lo sublime, donde parece que nos devolvimos en el tiempo, pero todo está en tan perfecto estado que es inevitable sentir admiración por el esfuerzo y  la dedicación de este personaje, que construyó todo con sus propias manos y  con el único interés de reencontrarse con su  pueblo natal, Tula,  y hace que el respeto por esas tierras, se multiplique por la majestuosidad de los picos y valles que te rodean.

Las instalaciones son sencillas pero cómodas, varias cabañas con diferentes capacidades, un área común o comedor, una capilla dedicada a San Charbel, a quién profesa una gran devoción infundida por su padre (quien fue cura), una piscina a la cual jocosamente  llama "Atrévete" , una cabaña principal que es donde reside cuando está arriba y una infinidad de áreas verdes que son el principal atractivo del lugar.

El camino es necesariamente en rústico de doble tracción. La travesía es de aproximadamente una hora y  sabrás que estás llegando cuando pases las tres fases finales, a las que llamó "La Simpática" ,"La Hermosa" y "La Llanera". El recorrido es toda una aventura y es el sueño de cualquier amante del "rustiqueo" ya que el paso, que por cierto por fue abierto y es mantenido por él, es sumamente empinado y con curvas violentas, que hacen de este traslado un aderezo más de las emociones que conlleva el viaje.

El  Rancho Abuhanna es una experiencia imperdible y es en sí mismo el más digno reconocimiento a la labor de un libanés extraordinario, de aquellas personas a las que Dios les repartió un don y lo usaron para dejar una huella. El lugar, nos invita a la meditación, a la aventura, al reencuentro con nuestras raíces y desconectarse de la cotidianidad  que tanto nos abruma y tanto nos estresa. El Rancho Abuhanna es simplemente, una experiencia maravillosa, extraordinaria y sin igual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

VISITAS